Palabras de Bienvenida
Por Zulema Aquirre


Cariño, deja ya de confundirme
Jugar al escondite, fingir, mentir. Distorsiones, fragmentos de ti misma en la medida en la que los otros esperan, confían o sueñan con que seas otra. Proyecciones femeninas en los otros. Otros que ven, que construyen, que leen, que pintan, que miran. Grietas, márgenes, imágenes y nociones que nunca son lo que se espera realmente sino una especie de performance de género. El espejo devuelve tu propia imagen y la constitución de ti misma. El espejo, y en su lugar, la pintura o la fotografía re-colocan al sujeto en la posición de re-definirse, de re-encontrarse cada vez que se produce esa unión entre el yo y su retrato (o lo que se le parece). Imagen, sí, pero al cabo frágil, dislocada y cambiante.
Mirarse al espejo es desnudarse, reconocerse en una imagen ajena que se te parece a ti misma, pero que –en ningún caso– eres tú misma. No se trata de una autocomplacencia aviesa sino de una reflexión personal acerca de la propia constitución. Una reflexión que, en este caso, pasa por varios ejes. Uno de ellos, el de la emigración y la ruptura para el sujeto des-terrado. Al extrañamiento de no estar en tu propio –si es que algo propio tenemos— sitio se le suma, en el caso de esta exposición, la fractura del propio ser mujer. Tradicionalmente una dicotomía ha marcado la constitución del sujeto femenino: lo público y lo privado. Encierro, prisión, camino hacia ninguna parte. Es justamente estos espacios donde se ha de conformar la imagen de la mujer avocada siempre a la autodefinición.
Mundos femeninos, mundos en contradicción, rupturas. Re-invenciones, siempre a partir de cero, del punto de fuga más cercano, que es el de hace cinco minutos. El futuro no existe sino que es, también, una construcción especular. La fotografía o la pintura sirven de vehículo, de círculo fronterizo en esa re-creación personal. Extrañamiento de mi misma, de la tierra que pisan nuestras plantas en la medida en que solo somos lo que hoy nos devuelve el espejo y nada más que eso. No soy quien creía ser hoy, sino quien seré mañana y solo mañana. No tengo más medida que yo misma, que mi propia imagen desfigurada, a ratos, por la conciencia de mi desconcierto ante la realidad de hoy. Ironía y lirismo, son dos de las maneras en que esta exposición descubre lo femenino.
Este sábado visité en Fuente Vaqueros (Granada), tierra natal de Federico García Lorca, la exposición “Viaje a la Ciudad sin Sueño”, en el marco de los festejos por el 112 aniversario del nacimiento del poeta. La exposición recuerda la primera salida de Lorca a América, entre 1929 y 1930. La sala Granero, ubicada en la casa donde nació Lorca, fue intervenida para comprender su huída a Nueva York, su viaje interior y distanciamiento de su mundo cercano, desde tres referentes: los mensajes tranquilizadores de las cartas a su familia, las imágenes desoladoras de sus poemas y textos de su conferencia. Una metáfora plástica de un viaje físico y emocional.
La clausura de los festejos por el cumpleaños culminó con el acto popularmente conocido como 5 a las 5, que conmemora cada 5 de junio el nacimiento del poeta en Fuente Vaqueros. Pedro Guerra, para satisfacción personal, ofreció un recital en el Paseo del Prado. La noche cerró como un juego de color donde se mezclan los sueños

Asesinado por el cielo,
entre las formas que van hacia la sierpe
y las formas que buscan el cristal,
dejaré crecer mis cabellos.
Con el árbol de muñones que no canta
y el niño con el blanco rostro de huevo.
Con los animalitos de cabeza rota
y el agua harapienta de los pies secos.
Con todo lo que tiene cansancio sordomudo
y mariposa ahogada en el tintero.
Tropezando con mi rostro distinto de cada día.
¡Asesinado por el cielo!

A mí, y tal vez como a Henri Cartier-Bresson, me resulta convergente este laberinto. Esas estructuras de extravío desde siempre formaron parte de mi colección de objetos humanos que convocan la trascendencia. Todo esto me hace asomarme a hechos abstractos como los aumentos, la transparencia, los reflejos, la atracción, el espejismo; nacer y germinar, ver y volar, la fecundación y las esencias, la metamorfosis y las mixturas, las espirales y las mutaciones.
Con esta imagen me azora siempre la angustia de recorrerla y la perenne posibilidad de nunca hallar la salida. Pero eso pasaba cuando la veía como mero diseño físico. Desde hace un tiempo vengo intuyendo algo más, como un enigma anunciando respuesta.


