

Allí la vida pasa entre el ojo y la paja en el ojo,
entre la mansedumbre y el ondular de las palmas.
Allí la vida pasa como un temblor, como un milagro.
Lo que intencionalizo en una foto no es ni Arte, ni la Comunicación, es la Referencia, que es el orden fundador de la fotografía. (Roland Barthes)
Catálogo de la exposición
"El Cañonazo", periódico oficial de la Feria Internacional del Libro de la Habana
Presentación de la exposición y lectura de poemas a cargo de Olga Lidia,
Junto a Olga Lidia, directora del Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, Rubén del Valle, Director del Consejo Nacional de las Artes Plásticas y Marilym Sampera, curadora de la exposición. Foto: © Nestor Martí
La exposición de fotografía “Cariño, deja ya de confundirme” se enmarca dentro de la Feria Internacional del Libro de La Habana. Tendrá lugar el día 18 de febrero, 5:00pm, en el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, Ciudad de La Habana. Tengo el privilegio de contar, el día de la inauguración, con tres voces destacadas de la poesía cubana: Soleida Ríos, Lina de Feria y Liudmila Quincoses.
En este trabajo pretendo, de una forma deliberada y contumaz, mostrar esa auto-conciencia de la multiplicidad y pluralidad de la propia identidad. Si bien entiendo que la preocupación por la identidad es universal, es éste un momento político, social y cultural es especialmente proclive para que la mujer realice un ejercicio de introspección autobiográfica. La fotografía, como la literatura, ha representado para la mujer un lenguaje idóneo en la expresión de estas indagaciones sobre el propio ser.
Liudmila Quincoses (Sancti Spiritus, 1975)

Días de lluvia y sol
Fotografías de Leo Simoes
A todo largo recorrido, del cuerpo y la expresión, suceden,
como interminables estaciones de apeo,
unas huellas desnudas y rotas.
Javier Búrdalo
Rastros cercanos
Los viajes están repletos de rostros y lugares extraños que de repente pasan a formar parte de nuestra realidad más inmediata. Frente a lo novedoso nuestra capacidad de asombro aumenta, estamos especialmente atentos a los estímulos que recibimos y somos más conscientes de los vínculos que generamos a nuestro alrededor. Así es como la predisposición al conocimiento del mundo exterior genera paralelamente el descubrimiento de uno mismo.
Leo Simoes revela este proceso de aprendizaje personal a través de sus fotografías y, además, nos invita a contemplarlas como espectadores activos capaces de generar relatos propios. Para facilitar el desarrollo de una narrativa global e integradora, el autor utiliza diversos registros fotográficos que le permiten trazar diferentes líneas de comunicación dependiendo de los motivos representados.
El equilibrio de las composiciones y la utilización del blanco y negro favorecen la creación de paisajes calmados, envueltos en un halo de irrealidad y misterio, que dan pie a la reflexión. Por ello, si dirigimos nuestra mirada a los cielos nubosos que dominan el horizonte, es fácil que nos adentremos en el paradigma romántico relativo a la magnitud de la naturaleza o la incertidumbre del porvenir.
A través de los retratos descendemos un pie a la tierra y tomamos conciencia de la vida de los habitantes del lugar. Observamos con detalle sus rasgos, nos reconocemos en sus gestos, y comprendemos que tras el velo cultural dormitan nuestros mismos miedos e inquietudes.
En la cotidianidad del viaje se dan también encuentros fortuitos con otros seres vivos u objetos con los que establecemos relaciones a nivel sensorial y estético. El autor fotografía estos motivos de manera intuitiva, como si se tratase de una manifestación espontánea de los ritmos plásticos de la ciudad que, por supuesto, son necesarios para entender el sentido de la obra. Un conjunto de vivencias que exceden las vinculaciones geográficas para formular narrativas más complejas en las que se amplia el ámbito de participación del espectador.
Nerea Ubieto